Arte y Nuevos Medios en América Latina | MARISA GÓMEZ

December 2, 2016

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Este número especial de Interartive propone una aproximación al panorama del arte de los nuevos medios en América Latina, tratando de contribuir así a la difusión de las prácticas que se desarrollan en, desde o en relación a este territorio y a la reflexión sobre las condiciones particulares de producción, difusión y consumo de las mismas.

En los últimos años, el contexto de las intersecciones entre arte, tecnología y ciencia en América Latina ha atraído fuertemente la atención de la comunidad internacional[1]. Esto se debe probablemente a que el impacto global de las tecnologías recientes ha reimpulsado el desarrollo de este tipo de prácticas en la región, pero quizás también a un fantasma que planea constantemente sobre el arte latinoamericano de los nuevos medios cuando se mira desde el exterior: llegamos tarde.

La articulación conceptual de “América Latina” como un territorio homogéneo que comparte procesos históricos y culturales como la colonización, la hibridación, el mestizaje o la diáspora[2], conlleva también una dimensión simbólica que la ha asociado durante mucho tiempo con la periferia cultural. Por ello, desde la teoría y la crítica hegemónica del Arte de los Nuevos Medios, que a menudo han situado la innovación y experimentación tecnológica como un dominio exclusivo de los países “desarrollados” o “del primer mundo”, la realidad del arte neomedial en Latinoamérica ha sido obviada con frecuencia. Esto no quiere decir que no haya habido una práctica real en torno a las intersecciones entre arte, tecnología y ciencia, ni que ésta haya estado aislada del resto del mundo. Tampoco implica que no se hayan realizado esfuerzos durante décadas para reposicionar a América Latina en el mapa discursivo del arte neomedial global. Supone únicamente que la “invisibilización” discursiva de estas prácticas ha dificultado, o retrasado, el desarrollo de una mirada crítica – tanto dentro como fuera del territorio latinoamericano – capaz de captar sus particularidades y contextualizarlas en relación a los discursos dominantes sobre el arte electrónico y digital, sin depender necesariamente de ellos. Así, hoy en día, y a medida que se normaliza el arte de los nuevos medios dentro del arte como institución[3], se hace cada vez más necesario repensar el arte latinoamericano de los nuevos medios a partir de las fricciones que se generan entre los discursos dominantes y su realidad.

Sin embargo, no se trata de una tarea sencilla, ya que nos encontramos ante un campo inabarcable en una sola mirada. En primer lugar, porque la noción de “arte de los nuevos en Latinoamérica” es tan amplia y compleja como las realidades a las que se refiere. Por un lado, la propia heterogeneidad y diversidad de las prácticas híbridas englobadas bajo el término genérico “arte de los nuevos medios” – desde el arte en la red hasta el bioarte, pasando por la experimentación sonora o la robótica, entre otros – abre un campo de exploración no sólo muy amplio, sino también en constante transformación[4]. Así mismo, el ámbito del arte neomedial no sólo define una serie de producciones artísticas concretas, sino también todo un sistema de relaciones en torno a éstas que implican a artistas, museos, instituciones o público, y por tanto, procesos de producción, exhibición, distribución y consumo que se interrelacionan entre sí. En segundo lugar porque aunque América Latina es percibida normalmente – como hemos señalado – como un “territorio homogéneo”, es en realidad una extensa amalgama de territorios diversos, que responden cada uno a sus lógicas políticas, económicas, sociales o tecnológicas específicas. Además, el territorio latinoamericano no está definido únicamente por límites geográficos: por ejemplo, los exiliados, migrantes o artistas que producen desde otros países mirando a su identidad de origen, forman parte también del contexto de arte neomedial latinoamericano. Todo esto supone que al hablar de las relaciones entre arte, tecnología, ciencia y sociedad en el territorio de América Latina lo hacemos, en realidad, aludiendo a varias dimensiones que se superponen y se cruzan, y que se mueven necesariamente entre lo local y lo global, y lo general y lo particular, tanto en relación al territorio como a las tecnologías.

La selección de textos y proyectos artísticos presentada en este especial explora diferentes facetas y posibles miradas al arte de los nuevos medios en y desde América Latina, profundizando en o sugiriendo los factores y contextos que condicionan una relación particular entre arte, tecnología y sociedad[5], explorando los modos en que el desarrollo de estas relaciones se materializa en prácticas, experiencias y propuestas concretas, y planteando retos y posibles soluciones desde el terreno.

En la sección de textos, Antonieta Clunes traza un contexto general sobre la relación arte-tecnología y su desarrollo específico en América Latina – particularmente en Chile – que termina explorando a través su propia experiencia artística con el Low-tech. Por su parte, Ricardo dal Farra propone una aproximación a las historia de las relaciones entre música y tecnología en América Latina, reflexionando sobre los propios modelos de construcción de la historia y sobre el papel de las instituciones en este proceso, y compartiendo su propia labor en el archivo y conservación de la música electroacústica latinaomericana. En esta misma línea de mirada histórica, pero desde la perspectiva del Bioarte, Pablo Santa Olalla nos acerca a la obra del artista argentino Luis Benedit, quien en los años 60 y 70 trabajó en las relaciones entre arte y ciencia. Claudia Costa Pederson nos presenta el trabajo de la artista mexicana Leslie García, que a través de un trabajo con materiales tecnológicos reciclados y procesos participativos – y quizás como en una suerte de re-actualización de las visiones presentadas por Dal Farra y Santa Olalla – se adentra en la experimentación sonora a través de organismos vivos. Tomando como punto de partida el Net.Art, Treva Michelle Pullen reflexiona también sobre la construcción de su historia en América Latina, abordando el problema de la representación hegemónica de la región y el uso artístico de la red como posible medio para subvertira. La red es también el tema central del texto de Thea Pitman, que toma el Netweaving y el trabajo de artistas latinos reisdentes en EEUU como ejes para analizar la construcción de la identidad latinoamericana en la confluencia entre la cultura online y la práctica indígena tradicional de tejer. Esta dimensión de la identidad indígena se recoge también en el texto de Álvaro Aroca Córdova, que nos presenta su propio trabajo artístico sobre el rito y el sacrificio en la cultura indígena chilena trabajados, de nuevo, desde la intersección entre arte-ciencia y contextualizados desde una perspectiva decolonial. Yomara Rosero nos aproxima a la escena del videomapping en Ecuador: cómo se ha desarrollado, qué iniciativas lo han impulsado y qué artistas y colectivos que trabajan con este medio son los ejes de su exposición. También desde esta perspectiva local, en este caso de Cuba, Cristina Figueroa parte del particular contexto de desconexión-conexión y control en el país para reflexionar sobre la prácticas artísticas en la red y profundizar, específicamente en el desarrollo del Game Art. Una visión, complementaria pero diferente, de la situación del arte digital en Cuba nos la da Yara Guasque, que explora sus procesos de desarrollo en relación al auge del arte cubano en el coleccionismo internacional, la política cultural cubana y eventos artísticos como la Bienal de La Habana o el Salón del Arte Digital. De la mano de Rosana Morato nos acercamos a Bolivia, desde la perspectiva de las tensiones que se establecen entre las carencias en la formación en el ámbito artístico de los nuevos medios y el contexto real de acción de artistas e instituciones. En relación también con la formación y la difusión de las nuevas tecnologías en el ámbito artístico y cultural, Jose Joaquín Benito Tejero expone la labor que está llevando a cabo la Red de Centros Culturales de España a lo largo del todo el territorio latinoamericano para la integración de las nuevas tecnologías como herramientas creativas en todos los ámbitos de la sociedad. Siguiendo con el discurso de la visibilización, pero retomando también el de las redes y la interconexión, el proyecto Arttextum, que nos presenta su impulsora, Frida Cano, nos acerca a las oportunidades que ofrecen las redes digitales, no sólo para repensar y reforzar las relaciones entre los distintos agentes que componen el sistema del arte contemporáneo en América Latina, sino también para extender el alcance del arte latinoamericano de los nuevos medios más allá de cualquier frontera territorial. Finalmente, la colaboración y el establecimiento de redes internacionales en y con América Latina es el eje que articula el texto de Claire Taylor y Jordana Blejmar, en el que – a partir de un proyecto desarrollado conjuntamente entre varias instituciones Europeas y Latinoamericanas, contando con artistas de ambas regiones – nos proponen una serie de observaciones y recomendaciones sobre los espacios de exhibicion de arte digital, el uso de las redes sociales en términos curatoriales y el futuro de la colaboración entre Europa y América Latina.

Los proyectos artísticos que conforman la exposición online de este número, ahondan o amplian, directamente desde la práctica artística, algunos de los aspectos desarrollados en los textos. Encoded Textiles, de Guillermo Bert (texto de Tressa Berman) presenta una serie de tejidos que, realizados en colaboración con comunidades mapuches y como un claro ejemplo de Netweaving, establecen un particular diálogo entre las nuevas tecnologías y la identidad cultural. Quinchahue de Álvaro Aroca recoge, en formato de galería, las acciones performativas sobre las que reflexiona en su texto. Je ne Sauviers de Andrés Salas expone su propuesta, en formato vídeo-documental, para explorar la identidad colombiana en el exilio a través de 5 historias diferentes. Por su parte, en La Vida en Ciclos, Juan Duque utiliza tecnologías de registro sonoro low-tech para indagar sobre la relación entre la introspección individual y el entorno. El proyeco Protobody de Brisa MP nos muestra el uso de la robótica y las lógicas DIY para explorar la relación entre el cuerpo, el movimiento y la tecnología, mientras que first_contact, de Axel Cuevas expone sus investigaciones en torno a la sonificación de los procesos biológicos de un hongo concreto y su transformación en una experiencia inmersiva que explora mundos imaginarios. Kilohertz de Matin Reiche muestra el proceso de investigación del artista en torno al espectro electromagnético en las áreas rurales de Brasil – con sus implicaciones políticas – desarrollado a través de la instalación de antenas esculturales DIY. Finalmente, con Retorno de Josefina Abara recorremos la poética historia de un proyecto fallido que reflexiona sobre las relaciones que establecemos con la tecnología.

Aunque pueda trazarse una línea argumental o conceptual que parece articular los textos o las obras que conforman la exposición online, los contenidos no están organizados lineal ni jerárquicamente, a partir de temas, tipologías de arte o territorios a los que hace referencia. Todos los textos y obras establecen, de algún modo, relaciones entre sí que pueden explorarse aleatoriamente. Esta esctructura funciona también como una metáfora del propio contexto que tratamos de analizar aquí: un contexto híbrido, lleno de interrelaciones y con múltiples lecturas posibles. Sin pretender dar un visión completa o definitiva sobre ese concepto abstracto que es el “arte de los nuevos medios en América Latina”, los contenidos de este volúmen sí consiguen acercrnos un poco más a él. Y, sobre todo – en conjunto – consiguen dar cuenta de los pliegues y complejidades que encierra.

Querría terminar este aeditorial agradeciendo a todos los autores y artistas presentes en este número especial – tanto los que han respondido a nuestra convocatoria pública, como los que han aceptado nuestra invitación – su participación y su colaboración durante el proceso de edición. Mi especial agradecimiento también a los partners – Red de Centros AECID, CEIArtE, Redcatsur, Proyecta y Lut Estudio.Lab – que han contribuido a que este número sea posible, no sólo con su apoyo sino también con su aportación a los contenidos. Y, finalmente, gracias a todos los autores y artistas que enviaron sus propuestas para participar en la convocatoria de este número especial y, por supuesto, al equipo de Interartive.

Notes

[1] Mientras, por un lado, hemos visto a múltiples artistas latinoamericanos entrar de lleno en el circuito comercial-global del arte neomedial – véase, por ejemplo y entre otros muchos posibles, el caso reciente del mexicano Gilberto Esparza, que en 2015 ganó el Golden Nica, uno de lo máximos galardones del arte de los nuevos medios, otrogado por el Festival Ars Electronica – por otro, han proliferado espacios para el debate y análisis académico de estas prácticas en eventos internacionales (ISEA2010 RUHR Conference P32 Latin American Forum II: Current Media Art Practice / Curators and Organisers, ISEA 2012 Latin American Forum, Re-Create: Media Art Histories Coference 2015: Panel Pioneering Experiencies in Art, Science and Technology in Latin America, etc.) o las publicaciones temáticas dedicadas al tema – véase el ejemplo reciente del número temático “Mestizo Technology: Art, Design and Technosciente in Latin America” publicado por Media-N. Journal of the New Media Caucus.

[2] Montero, Valentina, “La invención de América Latina en su dimensión geopolítica”, en Arte de los medios y transformaciones sociales durante la transición en Chile 1990-2014. Tesis doctoral, Universidad de Barcelona, 2015.

[3] Sobre este proceso de normalización del arte neomedial ver: Quaranta, Domenico, Media, New Media, Postmedia. Brescia: Linsk Editions, 2013.

[4] Gómez, Marisa, ¿Qué es el New Media Art? Una Aproximación Terminológica, en Interartive #42, Abril 2012. http://interartive.org/2012/04/new-media-art-termino/

[5] Aspectos como la importancia de las tecnologías Low-tech o el DIY, el simbolismo utópico asociado a las redes o la reivindicación de la historia o la identidad diluídas, que tienen especial presencia en este volúmen, parecen darnos una cierta idea de cómo son específicamente integradas, apropiadas y procesadas las nuevas tecnologías en el territorio latinoamericano.

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