Retorno | JOSEFINA ABARA IBÁÑEZ

December 1, 2016

 

Retorno: Historia y análisis de un proyecto declarado fallido tras enfrentar el mecanismo científico de un ducto de ventilación con la poética y morir en el intento; ser sumisos ante la otredad que somos capaces de creer y crear, a propósito de una época que valida más los resultados y aciertos que los procesos y fracasos.

En el piso menos tres del edificio Amberes se encuentran ocultas las fuentes de energía que sustentan el edificio. Un núcleo concentrado de redes y mecanismos articulados, responsables de suministrar energía y hacerla circular por los nueve pisos.

Entre humo, vapores y luces, se escucha un motor. Retumba nueve metros bajo tierra. Cinco aspas montadas concéntricamente en torno a un eje, giran a su alrededor en un mismo plano: un extractor.

Cuerpo funcional, sistema respiratorio. Inhala la materia liviana de un interior condensado, y la conduce al espacio abierto del exterior. Ducto transmisor, ducto conductor. Contenedor responsable de la circulación ligera que renueva y libera los aires del menos tres. La máquina succiona lo subterráneo. Sustrae su aliento, y todo se desvanece en el aire. Desde las profundidades, se evapora la densidad.

Este cuerpo, a diferencia del mío es capaz de inhalar y exhalar simultáneamente. Son operaciones opuestas, pero en él coexisten, y constantemente. Expone solo sus extremidades, mientras que el ducto como si de sus entrañas se tratara, permanece oculto en el interior.

Extremidad expuesta extrae: aspas giratorias bajo tierra. Extremidad expuesta externa: sopla el escape. Máquina expuesta pero no revelada, latente pero no a la vista. La máquina mostraba otro mundo, la intuición de la realidad subjetiva que promete el futuro, como si de un viaje al exterior se tratara.

Detecté este lugar cuando sentí una corriente de aire en mis pies. En ese momento me percaté de esta estructura de hormigón con una reja rectangular que expulsaba aire con una velocidad no menor. Balbuceaba un rumor siniestro, una oscuridad tentadora, tufo a enigma: ese lugar sin duda me llevaría a otro.

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Salidas de aire conectadas a ductos subterráneos

Al bajar al subterráneo me percaté del extractor clandestino y me convencí que éste era el lugar propicio a intervenir por su potencial. Creo que hay una estética en la propia objetualidad de la máquina, y una estética en lo invisible de su función. Ahí se instala la poética que da cuenta del proceso de conducción de la materia de un lugar a otro. La velocidad, el aire y la energía son los componentes de esta estética.

Por otro lado, el fin práctico de este mecanismo es unidireccional. Cada parte del gran engranaje se justifica en la necesidad funcional de renovar el aire de un espacio cerrado. Se limita a extraer y conducir bajo un sistema y proceso oculto, y por eso mismo lo quise revelar.

El aire no deja de ser aire al ser conducido por el ducto, por lo que el primer objetivo fue alterar el estado constante del flujo de aire en cuestión y transformar ese aire en otra cosa. De esta manera podría problematizar la función unidireccional intrínseca del sistema, y para eso sería necesario intervenir su modo de operar.

Energía eléctrica hace girar el motor del extractor, que como consecuencia permite girar las aspas. Esa rotación produce energía cinética, que por su movimiento propulsa la extracción del aire. De alguna manera ya hay luz viajando por el aire, que viaja por el ducto. Por lo tanto, el aire se podría transformar en luz nuevamente.

Mecanismo objetivo

“La estética de la máquina nos enseñó a valorar la parte ante el todo; un engranaje significa mecanismo, un gesto explica el discurso y una imagen puede abrir las compuertas de la memoria. Detalle y fragmento están en el espíritu de este tiempo” (Pergolis, 1994, p.140)

Decidí disponer un generador eólico en el interior del ducto tras el extractor para producir electricidad. El viento en velocidad que el extractor provoca, activaría el movimiento giratorio de las aspas del generador. Éste canalizaría la energía eólica para transformarla en energía eléctrica, y suministraría voltaje para encender una pantalla led que estaría dispuesta en la rejilla por donde se expulsa el aire. Esa pantalla estaría proyectando en tiempo real la imagen del extractor haciendo funcionar el generador.

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La posibilidad de visualizar ese proceso en la pantalla, se desencadena de una sucesión de causas y efectos que van desvirtuando la unidad de la máquina, disolviendo el todo en la exaltación de las partes, para así predeterminar un proceso de significación. Responde a la propia lógica de termodinámica, que establece que la energía se transforma, pasando de una forma más organizada a una más dispersa.

De esta manera, el nuevo mecanismo estará subordinado a auto develarse, y “caerá por su propio peso”, por auto gestionar su propia invalidación. Ahora bien, el objetivo de esa invalidación no es abolir su sistema, inhabilitando su función. Es una operación que por el contrario, pretende promover positivamente y de manera honesta una expansión virtuosa de su mecanismo. Estaría dotado para producir un fin multidireccional, fin que solo el arte puede explicar y que la lógica de la máquina por sí sola no puede validar. Evidentemente no la podría validar, si esta nueva función en realidad no es funcional, porque no sirve. Sin embargo, sirve al arte. Ya que si bien la intervención no extrema la efectividad de su sistema desde el punto de vista ecológico, expande sus posibilidades de ser. En la inutilidad del gesto de apropiarse del mecanismo y añadir una in-función al sistema, se altera el modelo unidireccional de la máquina, y permite entenderla como una utopía que poetiza su mecanismo, a través de la posibilidad multidireccional de su función.

La parte y el todo

La relación efectiva entre las piezas del mecanismo, conforma el núcleo más elemental de su funcionamiento. De hecho, si uno intenta desestructurar sus partes para entender el fragmento desde su autonomía, se dará cuenta que ninguno de ellos pueden ser realmente independientes. Solo cobran sentido cuando se activa su condición relacional.

Existe entonces una fuerza que mantiene su cohesión, que da cuenta del fenómeno desde su volumetría, como la fuerza que mantiene a los átomos unidos para conformar un cuerpo matérico. La fuerza que materializa los cuerpos se encuentra en el intercambio de partículas, un intercambio de fuerzas invisibles. De hecho la mayor parte de la materia es en realidad espacio vacío. El Modelo Estándar del Universo según Higgs explica que “un inmenso campo se extiende hasta el infinito fluyendo a través de todo. Cuando cierta clase de partículas interactúa con el campo, esa interacción es la que le otorga masa a esas partículas.”

Creo que, a modo de alegoría, que esa misma energía es la que mueve a las máquinas. Una fuerza invisible pero tremendamente lógica y concreta, permite que las causas estén tan coherentemente relacionadas, y a su vez, que esa coherencia se manifieste en el correcto funcionamiento del sistema.

Es precisamente en esa fuerza cohesionadora, donde instalo la inflexión de su lógica. Esa fuerza estructurante es también el elemento más vulnerable de la máquina, por ser responsable de ese espacio anónimo que existe entre la causa y el efecto. Por lo tanto, es también el punto preciso, el más fértil y propicio para instalar una utopía. Bajo el marco de la Gestalt, sería un proceso de conocimiento que indica que la significación de algo surge de la descomposición de sus partes significantes. Por eso la totalidad como consecuencia se debe alterar desde su particularidad.

Para contextualizar el problema, aplicaré la filosofía de las Causas Finales de Aristóteles, que establece el factor o principio del que depende una cosa. La causa sería todo principio del ser, aquello de lo que depende la existencia de un ente. Todo factor al que debemos referirnos para explicar cualquier proceso. Para este efecto, Aristóteles planteó cuatro clases de causas: la causa material (aquello de lo que está compuesto algo), la causa formal (aquello que un objeto es), la causa eficiente (aquello que ha producido ese objeto), y la causa final (aquello para lo que existe un objeto). Por lo tanto, aplicado al mecanismo del extractor, sus causas finales serían:

Causa material: metal, energía y aire.
Causa formal: Extractor de aire y ducto de ventilación.
Causa eficiente: Ingeniero y arquitecto.
Causa final: Extraer el aire y conducirlo de un interior a un exterior.

Es decir, la causa material del extractor es la materialidad que sustenta físicamente la extracción, como estructura exógena, constituida de metal, energía y aire. Estos elementos fueron elegidos explícitamente en función de su causa formal: el extraer aire y conducirlo. Ambas causas son intrínsecas, son principios que se encuentran en el propio ente. Y su causa eficiente, los inventores del mecanismo, se basaron en su causa final para crear: la circulación y renovación de aire de un lugar cerrado. Estas causas son extrínsecas, ya que son causas que se encuentran en el exterior del ente.

El generador eólico y la luz que éste produce son entonces un agente externo que se incorpora al mecanismo y se cohesiona con la totalidad del sistema desde su estructura interna para crear una nueva identidad de la máquina, un nuevo ente capaz de cuestionar la finitud de resultados programados que en su origen está condicionado a producir.

Declaración de proyecto fallido

“Una cosa podría estar bien en este momento y podría ser un error el momento próximo. No intentes ser consistente; de otra forma, estarás muerto. Solo los muertos son consistentes. Intenta estar vivo con todas sus inconsistencias” (Osho)

Retorno fracasó. Hoy declaro este proyecto inalcanzable.

Retorno hablaba de utopía. Después de dos años de investigación, pruebas y experimentación, Retorno terminó siendo una utopía en sí misma. Por lo tanto, considerando la coherencia de las circunstancias, decido exponer el proceso de este proyecto como la utopía de una utopía.

A un paso del resultado: Faltaron 2 volts para que sucediera, sin embargo, en los innumerables intentos de encender la pantalla, se apagaba el espíritu de la obra. Y es que fue un proceso muy engorroso y desgastante.

Podría haber encendido algo de menos consumo, pero divagando en las opciones entendí que ningún aparato que lograra encender sería más relevante que todo lo que ya había sucedido. Era en esa historia donde residía el verdadero sentido.

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Exposición de material recopilado durante el proyecto Retorno

Después de haber estado dentro del ducto para conocer y medir su interior (ver vídeo), después de haber formado un equipo interdisciplinario de trabajo con personas que se involucraron de manera desinteresada, después de recorrer tantos lugares en busca de asesoría y materiales, de experimentar aciertos en pequeños experimentos y de entender como funcionan realmente las cosas, una pantalla encendida o no encendida no era lo importante. El proyecto estaba limitado a un proceso extremadamente científico y cerrado. No había cabida para el arte y por eso perdí el interés por el resultado, sin embargo descubrí el interés por todo el material que tenía recopilado.

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Generador eólico construido para la instalación

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Primera maqueta del ducto en escala 1:10 y nylon que atravesó el ducto para determinar los 9 metros de longitud

No estoy dispuesta a someterme bajo las imposiciones restrictivas de la electrónica y su lógica. “Las ciencias y las artes difieren, sobre todo, en que las primeras deben apuntar a resultados seguros o enormemente probables; las segundas no pueden esperar sino resultados de probabilidad desconocida” (Valéry, 1996, p.19 y 20).

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Pantalla Led encendida con la batería del generador eólico y proyección de video sobre el subterráneo

Hélices para estudios y proyección de animación 3D sobre dimensiones y estructura del edificio.

En el arte, las únicas limitaciones que existen son las que se impone uno mismo, por esta razón me tomo la libertad de detenerme y permitir que el proyecto como un ente vivo adquiera otra forma. Creo que es un proceso que involucra situaciones y objetos que merecen ser exhibidos y de otra manera hubieran permanecido inéditos. Es un honor ser vencida por una fantasía.

“Levantóse en esto un poco de viento, y las grandes aspas comenzaron a moverse, lo cual visto por don Quijote, dijo: “Pues aunque mováis más brazos que los del gigante Briareo, me lo habéis de pagar”.

Y diciendo esto, y encomendándose de todo corazón a su señora Dulcinea, (…) con la lanza en el ristre, arremetió a todo el galope de Rocinante y embistió con el primero molino que estaba delante; y dándole una lanzada en el aspa, la volvió el viento con tanta furia, que hizo la lanza pedazos, llevándose tras sí al caballo y al caballero…”
(Cervantes, 1996, p.45 y 46)

CONDUCCIÓN (Conclusión)

“Marinetti preveía para el hombre del año 2000, ”que vivirá en cámaras de alta tensión, donde cien mil voltios parpadean (…) estos hombres gozarán una vida de potencia entre paredes de hierro y cristal” (Pergolis, 1994, p.139)

Somos parte de un tiempo en el que los acontecimientos producen vastas cantidades de datos e información. Toda esta información nos obliga a entender que la comprensión del mundo no puede ser definitiva, completa y concreta, sino que es vulnerable a un constante proceso de transformación, que a su vez es parte de procesos más reductores y otros más generales.

Estos datos e información añaden constante y simultáneamente innumerables elementos al mundo y creo que el almacenamiento progresivo paraliza la renovación a la cual deberíamos apelar, en honor a la condición orgánica y procesual de nuestra existencia. Por eso hoy, pienso que la única manera de hacer arte se encuentra en la emergencia de activar lo existente.

De esta manera, sin plantear una determinación o nuevo término, me interesa trabajar con lo que suscita el constante replanteamiento. Pretendo por un lado definir procesos, pero las definiciones son demasiado finales, no pueden describir infinitos procesos. Por el contrario, le dan término al término que intentan determinar. La propia historia de las re-acciones entre movimientos artísticos y nociones, nos manifiesta que lo emergente no invalida el pasado sino que lo reintegra en la actualidad, lo reinterpreta y regenera como matrices de procesos entrelazados entre sí.

Así, mi rol es detectar y revelar espacios y dispositivos con potencialidad simbólica para accionarlos, expandiendo sus significados mediante la instalación de utopías.

“…Las utopías son inherentes al carácter social del hombre, a sus pensamientos e ideales, a sus aspiraciones y a sus ansias de perfección. (…) Una sociedad que no apunta al cambio es decadente en lo intelectual y en sus estructuras. Esto equivale a decir que una sociedad sin utopías -que son la expresión de la voluntad de cambio- muestra la falta de dinámica propia de la agonía del ente colectivo, dando lugar a todas las manifestaciones del individualismo y sus fantasías.” (Pergolis, 1994, p.139 y 141)

Así como nuestros antepasados buscaban la salvación albergados en un espíritu desconocido, así nosotros debemos refugiarnos en los milagros tangibles de la vida contemporánea. Creo que la electricidad y su lógica revelan verdades más complejas de las que aparentan. Las conexiones, la transmisión y las telecomunicaciones son una metáfora del mundo, de la red humana. Viéramos como se entretejen sobre nuestras cabezas, viéramos la velocidad que transita por ellos y por nuestras venas, viéramos, viéramos lo capaces que son.

La relación entre la frivolidad de las máquinas y las utopías, la ciencia y el arte ofrece un terreno próspero para significar. Ya que es en el margen de esa libertad, en el límite de lo lo exacto y lo indeterminado, lo preciso y lo ambiguo donde podemos acceder a una verdad que se presenta como agente de cambio. Debemos permitirnos creer para crear potencias activas. No importa que conlleve al vacío o a la tensión entre las masas. Lo que importa es la acción.

Sobre la Autora
Josefina Abara Ibáñez. Artista visual que investiga en torno a las problemáticas del espacio y a la instalación de utopías en fenómenos físicos en virtud de la convergencia entre ciencia y arte. A su vez como Profesora de arte intenta combatir la crisis cultural y educativa en Chile mediante un enfoque posmoderno emancipador. 

 

 

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